 La actual ciudad de Ancud le debe mucho de su crecimiento al trabajo que cumplieron colonos alemanes y sus descendientes. |
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A fines del siglo XIX el gobierno de Jorge Montt Alvarez decidió colonizar la isla grande de Chiloé con europeos, en consecuencia arribaron hasta esa latitud ciudadanos de distintas nacionalidades: franceses, alemanes, ingleses, holandeses y españoles. Muchos de ellos regresaron a su patria de origen; sin embargo, la gran mayoría de los germanos se quedaron dando origen a una próspera actividad comercial. Uno los almacenes más surtidos era "El Ancla" de don Guillermo Wolf, estuvo ubicado en la esquina de calle Prat con Serrano y abrió sus puertas en 1892. Este establecimiento se caracterizaba, pues vendía calzado "Luzvenia" y "Faisan", de cierto refinamiento y muy solicitada por la clase media ancuditana. A la muerte de su fundador continuó con la tradición comercial su hijo Arnoldo quien, además, fue regidor por varios periodos. Un año antes de finalizar el siglo XX desembarcaba en Ancud Julio Hornickel e inmediatamente instaló un emporio en Serrano esquina Pudeto; la rápida bonanza le permitió incursionar en otros rubros. En el mismo local funcionaba una sucursal de la Firma Naviera Oelckers que cubría la ruta Puerto Montt- Maullín-Ancud con los vapores "Calbuco" y "Arturo". Igualmente fue accionista y representante de la Sociedad Industrial de Aysén. Por su parte Francisco Ohlsen, llegado en 1896, se instaló en calle Serrano con un despacho de mercaderías; sin embargo, su mayor éxito lo consiguió al construir máquinas para hilar lana. LOS MÜCKE Esta familia fue responsable de numerosos adelantos industriales. En 1894 Francisco Mücke abrió una fábrica de cerveza que estuvo ubicada en calle Prat, frente a la estación de ferrocarriles, y era administrada por su hijo Carlos. Elaboraban cerveza Lager, Bier, Pilsener, malta blanca y negra; el lúpulo lo importaban directamente de Alemania. Además, fabricaban las bebidas gaseosas "Oro", "Iris" y "Kola Champañe", según cuentan octogenarios chilotes, este último bebedizo era idéntico a la Coca-cola actual. En 1910 comenzó a funcionar el molino industrial de Francisco Mücke, contaba con moderna maquinaria y era capaz de moler 25 arrobas de trigo por hora (una arroba = 11,5 kilos) lo cual daba una producción cercana a los 4.000 sacos de harina anuales. De tal forma el Molino Mücke se convirtió en el principal comprador de trigo, junto con importar semillas de distintas variedades que vendía a los agricultores. A su muerte le sucedió en el negocio su hijo Francisco Segundo Mücke. Por su parte, José Mücke instaló en calle Los Carrera un generador movido por un potente motor a vapor de 135 caballos de fuerza, para alumbrar la ciudad, fue la "Empresa Eléctrica de Luz y Fuerza" que funcionaba las veinticuatro horas. Cuando en Puerto Montt y Osorno los generadores eléctricos operaban sólo seis horas después del atardecer, los ancuditanos se enorgullecían de este avance. CURTIEMBRES Y MUEBLES Los hermanos Kreisel desembarcaron en Ancud el años 1898 y con un pequeño capital de $ 12.000 dieron inicio a una curtiembre en el sector de Lechagua, diez años más tarde su negocio se había valorizado en $ 150.000 contantes y sonantes. Fabricaban todo tipo de cueros, especialmente suela y sueleta para abastecer a las provincias de Llanquihue y Chiloé. Su producción de badana y cabritilla, utilizada en la confección de guantes finos, era enviada directamente a Alemania. Contiguo a su taller adquirieron un campo de quinientas hectáreas que fue administrado por Augusto Kreisel, en tanto la curtiembre estaba a cargo de José Kreisel. Otro de los colonos de esta época, Antonio Schoettge instaló una Fábrica de Muebles y Taller de Carpintería, para su industria contaba con un motor eléctrico Siemens-Schucker que se convirtió en la novedad del pueblo. Por César A. Sánchez Vera |